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ACTIVIDADESESTÁN PINTANDO LA CARA AL VIEJO PALACIO DE RECUERDOS Nota de Eduardo Luis Dabove publicada en el diario "El Norte" el 31 de agosto de 2007.
Y de pronto caminar por el mencionado paseo principal nicoleño, nos permitió ver a hombres encaramados en andamios que le estaban lavando la cara al añejo edificio que tantas veces albergó a generaciones de estudiantes, quienes encontraron en sus aulas la oportunidad de crecer en sabiduría y dar rienda suelta a la alegría juvenil... porque la juventud sin expresiones jocosas y chanzas no es juventud. Alguien cerca mío, uno de esos personajes que se revelan como libres pensadores en el momento menos pensado, comentó "cuidado que esos señores están pintando no borrando".... Dijo apenas eso y lo entendimos, pintar un frente es renovar, rejuvenecer la fachada pero nunca, ni el que pinta ni el que lo manda a pintar, intentan borrar la historia que está cincelada en el interior de sus muros que en este caso son viejos, sí, pero impregnados por un ayer y un hoy cargado de obra positiva en beneficio de las chicas y los chicos del pasado que hoy son parte de la ciudad convertidos en profesionales, comerciantes, literatos, escritores y maestros de la construcción. La asamblea de siempre Mientras los trabajadores seguían con su tarea de embellecer el colegio, nos dimos cuenta que el Nacional tiene, más allá de los cambios generacionales y de estructura ciudadana, aspectos en el hoy que se le parecen en mucho al del ayer. Sigue vigente la costumbre de los estudiantes de utilizar los escalones de acceso a la Catedral para sentarse y departir en el antes y en el después de las clases o a la espera que llegue la hora de rendir. Ante los rigores de un examen, antes y ahora, comenzaba y comienza a correr un verdadero río de pecados nuevos que se confiesan y de promesas que se hacen "si salgo bien en la prueba, prometo portarme de lo mejor por un tiempo largo". Los alumnos del ayer y también los del hoy, se encaramaron y se encaraman a la vieja rotonda que antiguamente era el escenario de la banda y también se usan para lo mismo los bancos y las estructuras de los canteros. Ayer cuando Mitre era calle frente a la plaza los estudiantes se congregaban en los dos bares que estaban, cruzando, frente al viejo surtidor de combustible y que hoy, ya en plena peatonal, tienen reemplazo con La Mira y el Astul. El Nacional del ayer fue el teatro de la educación argentina donde eran parte de un espectáculo inolvidable las dulces expresiones de la adorable Bichito Dualde, las cátedras imperdibles de Gonzales Pinalli, las clases de música plagadas de atractivos que daba la honorable profesora que vivía en la parte superior del hotel y el dibujo a trazo exigente de la señora Lallo. El Nacional fue el reinado de los sandwiches que vendía don Merello, el tentempié más esperado que mágicamente convertían "en largas las horas de clase y en muy cortos los minutos de recreo". El hoy El Nacional de hoy alberga a la juventud que optó por el celular, se subió al ciclomotor y maneja las computadoras con una facilidad asombrosa. Cabellos largos, polleras cortas, pantalones ajustados y pieles con tatuajes presentan un tiempo nuevo pero con protagonistas que llegan atesorando un sueño viejo: aprobar ese nivel de enseñanza y proyectarse en la vida con todo el éxito que sea posible. El Nacional vio llegar a los venerables profesores con los inolvidables automóviles de la marca Ford, modelo V8, los Chevrolet con tablero panorámico y otros vehículos hoy convertidos en piezas de colección y dando forma a los modelos actuales que se parecen en buena medida a los autos fantásticos de las películas del ayer. El Nacional fue y es el horno donde la enseñanza cocinó sus mejores platos para el gran banquete de la cultura popular. Es el colegio que vio el ingenio popular desplegado en sus galerías y patios y fue testigo de como muchos de los chicos del ayer al final terminan siendo "los brillantes triunfadores del hoy". Ha sido todo, feliz viernes y el pedido a Dios para que nos bendiga. |